Alaska: la última frontera


“Nos vamos de viaje, no tenemos tiempos ni rutas fijas, sabemos que hasta Prudhoe Bay, Alaska no nos detenemos, el recorrido es misterio...”

El texto que se puede observar en la parte superior derecha de esta página. Lo escribimos hace 4 años cuando iniciamos esta aventura en su etapa de planificación. Felizmente podemos decir que hoy quedó desactualizado ya que ese misterio que tanta ansiedad nos traía, ganas de salir y a la vez un poco de temor, quedó develado. 

El 27 de julio de 2014 entramos a Alaska, la última frontera. Aparecía ante nuestros ojos el mágico cartel de bienvenida y se nos pasaban por la mente miles de momentos vividos en la ruta. 


Recordamos gente que conocimos y quizás nunca volvamos a ver pero que quedaron registrados para siempre en nuestra memoria como personas increíbles. Sin duda la parte más dura del viaje fueron esas despedidas de verdaderos amigos que hicimos en todo el continente.
Una vez que nos bajamos de la camioneta y pisamos Alaska por primera vez fuimos corriendo hacia el cartel para sacarnos fotos. 

Límite imaginario entre la provincia de Yukón (Canadá) y Alaska.



Estuvimos algo más de dos horas en el lugar hasta que decidimos seguir camino hacia un camping a unos 50 kilómetros de la frontera que es gratuito y muy lindo. Si bien nos sentíamos ya realizados con el hecho de entrar en el último estado de los Estados Unidos nos seguía carcomiendo la duda de si ir o no hasta Prudhoe Bay. Después de escuchar tantas historias de rutas en mal estado, parabrisas rotos por las piedras que tiran los camiones al pasar y demás cuestiones desalentadoras estábamos en una duda de si valía la pena o no arriesgarse. 
Cruzamos un pueblo llamado “North Pole” (Polo Norte) que está ambientado íntegramente con motivos navideños. Todas las casas y comercios tienen algún detalle, inclusive las farolas de iluminación pública son grandes chupetines rojo y blanco. 



Pero lo más llamativo es que construyeron la casa de Papá Noel y los chicos de todo el mundo pueden enviar una carta a esa dirección haciendo sus pedidos de regalos.



Seguimos avanzando hasta que llegamos a Fairbanks, la última ciudad grande del norte de Alaska. Era acá donde debíamos decidir si íbamos o no a llegar a Prudhoe Bay.
Nos conectamos con la familia y ellos mismos nos convencieron que debíamos llegar al objetivo, ya no había vuelta atrás. Si bien era todo muy motivante todavía teníamos que resolver cuestiones técnicas. Lo que más nos preocupaba eran las piedras que tiran los camiones al pasar. Fue por eso que compramos una malla de alambre bien cerrada y la colocamos como protección del parabrisas usando también cañitos de nuestra carpa comedor como parantes. Mientras instalábamos la rudimentaria protección nos venía a la mente la canción de Ignacio Copani “Lo atamo con alambre, lo atamooooo”.  



Contentos con el resultado no quedaba otra cosa que llenar bien el tanque de combustible y salir a recorrer los últimos 900 kilómetros hacia el mar Ártico.
Después de recorrer los primeros 260 kilómetros ingresamos hacia la ruta más desolada de los Estados Unidos, la Dalton Highway.  



Es una carretera que tiene 50% de asfalto en pobre estado y la otra mitad de camino de tierra compactada. El motivo de su construcción fue el descubrimiento, en los años sesenta, de lo que hoy es la primera reserva de petróleo de Norteamérica. Cuando se logró establecer la base petrolera de Prudhoe Bay entonces comenzaron los trabajos de construcción de un oleoducto gigante que recorre más de 1200 kms. y que va paralelo a la ruta. En prácticamente todo el trayecto hacia el norte se puede observar el oleoducto, una maravilla de la industria que permite el transporte del petróleo hacia la terminal portuaria de Valdez, en el sur de Alaska. 



Esta terminal es recordada por el tristísimo episodio que protagonizó un barco de la empresa Exxon el cual se hundió derramando millones de barriles de petróleo en las costas alaskeñas. Más de 1600 kilómetros de playa quedaron cubiertas de la contaminante sustancia. El caso se lo conoció como “Exxon Valdez”.
Hoy en día la ruta está habilitada para el tránsito particular pero la prioridad sigue siendo de los grandes camiones que llevan y traen insumos a la base petrolera. Los mismos se hicieron famosos con la serie de Discovery Channel “Ice Truckers” y Rutas Mortales. Estos camiones pasan realmente rápido y uno tiene que hacerse a un lado como medida de seguridad. Cada vez que pasaba un camión de frente atajábamos los vidrios con las manos y agachábamos la cara por si una piedra atravesaba el parabrisas.



Varias impactaron en la chapa y otras tantas fueron detenidas por el improvisado, pero efectivo, dispositivo de protección. De todas maneras el tránsito era muy reducido, sólo algunas motos súper equipadas de viajeros europeos y maquinaria pesada, después la soledad absoluta.



La primer parte tiene una arboleda bastante tupida pero no tan alta. Estos árboles tienen más de 200 años pero el clima extremo no les permite crecer como sus pares sureños.
Como era julio, pleno verano en el hemisferio norte, los mosquitos estaban desesperados por sangre y no podíamos prácticamente salir de la camioneta sin caer presa de miles de insectos que atravesaban incluso ropa bastante gruesa. Ni siquiera en remotas playas del caribe habíamos experimentado semejante ataque de mosquitos.
Una de las paradas más lindas la hicimos cuando cruzamos la línea imaginaria conocida como Círculo Polar Ártico. Cuando vimos el gráfico en el cartel indicador nos dimos cuenta donde estábamos realmente y fue muy impactante. 



Si aceptamos un mundo con un arriba y un abajo estábamos conduciendo la Besta por el techo del globo terráqueo. Por esa razón también la noche nunca apareció, la luz del día estuvo presente las 24 horas.
Constantemente revisando con un ojo la temperatura de la camioneta y con el otro el indicador de combustible seguimos transitando la carretera Dalton maravillándonos con los paisajes, cosa que no nos esperábamos. 



Siempre pensamos que esta zona sería muy desolada y chata pero es absolutamente hermosa. Cuando llegamos al pueblo de Coldfoot (10 habitantes) cargamos combustible hasta que no entró más una gota y unos bidones extra por las dudas. Es que nos esperaban más de 400 kilómetros sin combustible y no queríamos sorpresas.
En medio del camino encontramos algunos vehículos al costado de la ruta que nos recordaban la peligrosidad de transitar por la grava suelta y barrosa presente en el camino.



La Besta se camuflaba con el paisaje y debíamos parar cada pocos kilómetros para limpiar las luces ya que no queríamos quedar invisibles para los grandes camiones. 



El camino estaba firme pero cubierto con una capa de barro arcilloso y líquido que se adhiere a todo lo que toca. 



Atravesamos la cima de la montaña conocida como Atigun Pass (1444 mts.) y se nos presentó ante nuestros ojos la tundra infinita. El paisaje cambió radicalmente. Al costado de la ruta había unos musgos que cuando uno los pisa se hunde medio metro, están saturados de agua y debajo de ellos se encuentra el “permafrost” que es un suelo que permanece congelado hace miles de años.



El 31 de julio llegamos al último pueblo conocido como Deadhorse, nos sacamos fotos en el cartel y pedimos permiso para estacionarnos al lado del campamento donde casi todos los viajeros pasan la noche calentitos y al reparo del viento.



No era nuestro caso ya que los costos lo hacían imposible pero igual dormimos muy bien debido a que los contenedores con los que están hechos los edificios reparaban las ráfagas de viento efectivamente. Estábamos a 13 kilómetros del Már Ártico y de cumplir nuestro sueño.



Al otro día nos despertamos muy temprano ansiosos ya que era oficialmente el último día de viaje. Tuvimos que pagar para que un transporte de las empresas que trabajan en Prudhoe Bay nos lleve a tocar el mar ya que no está permitido ingresar con vehículos particulares. El colectivo atravesó la garita de seguridad en la puerta de la base petrolera e ingresamos a ella. En el lugar sólo se ven maquinaria pesada y edificios hechos con contenedores. ¡Estábamos en Prudhoe Bay!



También en la zona pudimos ver los impresionantes Caribú que para esta época abundan en el lugar.



El 1 de agosto de 2014 se convirtió en un día inolvidable para nosotros, cumplimos nuestro objetivo y tocamos el Mar Ártico. Aunque sólo duramos unos pocos segundos en las heladas aguas la emoción que sentimos fue absolutamente increíble.



Nos encontrábamos en una playa distinta a todas las que habíamos visitado, en el techo del continente Americano y habíamos llegado hasta acá conduciendo 75.000 kms. a bordo de una camioneta de 20 años de antigüedad, travesía que nos tomó 3 años y 8 meses.


Estábamos frente al mar, mirando hacia el Ártico sólo los dos, rodeados de una bruma tenue y con una temperatura muy baja. Nuestra mente estaba ocupada en disfrutar el momento y en recordar situaciones del viaje, buenas y malas, pero que siempre terminaron con un desenlace en común, la alegría de tener nuevos amigos.
Sabíamos que al pegar media vuelta en ese momento la vida sería otra. Nuestro objetivo cambió para siempre ya que no había más nada hacia el norte. A partir de ese segundo comenzamos un nuevo viaje hacia el sur.
Hoy no tenemos duda alguna de que volvemos con una valija llena de experiencias que nadie va a poder borrar de nuestras mentes. Pero por más experiencia que se posea, en la vida uno siempre está aprendiendo a viajar.

MUCHAS GRACIAS A TODOS POR AYUDARNOS Y ACOMPAÑARNOS EN ESTA AVENTURA!!!!!
















12 comentarios:

Anónimo dijo...

Llegué al blog por una publicación de Darian, y no pude dejar de leer.
El relato es hermoso, no quise irme sin felicitarlos y enviarles un abrazo enorme por tamaña travesía.
Buen viaje de regreso al sur!!!
Germán Burgos

jorge dijo...

Gracias por dejarnos compartir esta hermosa aventura!

Anónimo dijo...

Felicitaciones!!! es emocionante leer los momentos que describen....una vez mas está demostrado que se puede cumplir un sueño sin importar los obstáculos, que mas que eso son solo circunstancias a resolver......y siempre se puede.....buen regreso.....un abrazo desde la Patagonia

Anónimo dijo...

Como siempre, y a pesar de tenerlos en casa, estoy llorando, de emocion, de alegria, de orgullo. Mision Cumplida. Ahora a buscar nuevos desafios. Los amo. Mrs Nora

Anónimo dijo...

Felicitacionesss ! ! ! y seguimos esperando las noticias de la vuelta a casa, que sigan las aventuras !!!
Edgardo

Christian Quiero dijo...

Chicos, muchas felicidades por lo logrado! Si desean pasar por Utah, seran mas que bienvenidos en nuestro hogar. solo mandenme un email y arreglamos.(fachero76@gmail.com)
Exitos en su nueva travesia!
Christian

Anónimo dijo...

Hola Chicos, FELICITACIONES por cumplir su sueño!!! Admirable lo que consiguieron, y muchisimas gracias por compartirlo!!!!!
A seguir disfrutando la VIDA!!!
Adrian y Romy (prox. Soñando Con Viajar) o los que les consultan pavadas del tipo, ¿se puede conseguir gas envasado (garrafas) en el camino? y ustedes muy amablemente responden con lujos de detalle.
GRACIAS UNA VEZ MÁS!!!!

Anónimo dijo...

Hermoso y emocionante relato final, aunque estoy seguro que esto no termino.
Besos medio orientales
Papa Alf

Javier dijo...

Excelente, hermoso viaje, muchas felicitaciones por lograr su sueño y éxitos de ahora en más!

Rubens dijo...

Felicitaciones !!! Pero miren ese último mapa, queda muchísimo por conocer, con lo que les queda tienen para 10 años más de viaje, que sigan las aventuras !!!

Juan Pablo dijo...

Aime y Guillo, sigo sus aventuras desde hace un año más o menos, y me da algo de emoción el fin de su viaje. Solo quería felicitarlos por haberlo logrado y agradecerles por compartir su viaje con nosotros. Me han inspirado y es un viaje que si o si voy a hacer pronto. Les deseo lo mejor! Saludos desde Chile!

Anónimo dijo...

Hola chicos, soy Fabian , cordobés que vive en Montreal, y nos conocimos en el estacionamiento del parque de las Sequoias, no se si se acuerdan, estaba con mi esposa e hijas, los 4 somos MUY altos. Simplemente les queria felicitar de todo corazón por el logro y sueño que han cumplido, que les marcará la vida para siempre. Me parece mentira hace un año y medio nos encontramos en California y ya estan volviendo. No se donde andarán si ya pasaron por Montreal, si pasan los esperamos en casa con mucho cariño. En especial porque no es una epoca facil en Canada para dormir en la Besta. De nuevo felicitaciones y mi admiración absoluta !! Un abrazo. Fabian (f_juarezq@hotmail.com)

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