Al que madruga Dios le da cerezas



 
Estamos de nuevo en Canadá, esta vez fuimos directo hacia una de las ciudades más famosas del mundo, Vancouver. Situada a orillas del Pacífico en el rinconcito sur oeste del país.
Llegamos a la ciudad y el tránsito era terrible, por suerte nos recibió Alee, una mujer que conocimos en la Baja California que vive en un barrio muy tranquilo en una zona muy linda.

Alee nos acompañó por Vancouver con una habilidad de guía de turismo increíble. En bici los tres recorrimos varios puntos muy interesantes como la Granville Island y su mercado totalmente espectacular.










Como puede apreciarse es la época de cosecha de berries y todas tienen un tamaño y color que dan ganas de tirarse encima del exhibidor y comerse todo (primer contacto con las cerezas canadienses que luego se intensificaría).
La ciudad es muy moderna, tanto que encontramos un negocio de antigüedades de “tiempos remotos”, una venta de escobas de paja. Pero lo curioso era que se vendían escobas hechas a mano con unos precios equivalentes a tres modernas aspiradoras.





Es grave el problema que afronta la ciudad debido a la invasión de gorriones gigantes.

Merecido descanso después de pedalear unos 15 kilómetros.


 Toda la costanera tiene una playa increíble. Si después del baño tiene que salir apurado y su niño le moja el asiento del auto, séquelo en el ¡Kids Dryer!
 

Yerba mate brasilera, una ganga, 10 dólares los 150 gramos.



El 6 de junio de 2014 luego de intercambiar varios emails nos encontramos con Juan Manuel que está viajando en su fitito hacia Alaska también. ¡Mucha suerte y buenas rutas!



Nos despedimos de Alee dejándole saber que es bienvenida a Argentina cuando guste y llevándonos el mejor recuerdo de Vancouver y su amistad. ¡Gracias Alee!.

Todo muy lindo en Canadá, disfrutando a pleno el país pero sufriendo con el tema monetario ya que los precios de todo estaban por las nubes y sacando cuentas no llegaríamos a cumplir nuestro objetivo de llegar a Alaska y regresar (pequeño detalle que no tendríamos que olvidar). Es por eso que enfilamos no hacia el norte sino hacia el este, a la ciudad fronteriza de Osoyoos donde comenzaba por esa fecha la cosecha de cerezas en el valle de Okanagan. La zona  está llena de plantaciones de manzanas, peras, duraznos y demás frutas. Cada año recibe a miles de trabajadores de Quebec para la cosecha como así también de Centroamérica y otros países del mundo. Al día siguiente de llegar ya habíamos conseguido trabajo en una granja de las tantas que hay en el lugar manejada por una familia india. 



Entablamos muy buena relación con ellos ese mes que estuvimos bajando cerezas varias horas por día. El trabajo comenzaba a las cinco de la mañana y duraba hasta el mediodía con días donde se trabajaba incluso hasta las tres de la tarde si el clima no era muy caluroso. 

Otro de los trabajos que hicimos, el “thinning” de la manzana, consiste en quitar las manzanas que nacieron en grupos de más de dos con el fin de que crezcan mejor. 



De más está decir que la dieta de estos humildes viajeros se basó principalmente en estas exquisitas frutas.

El pueblo de Osoyoos es muy bonito, lugar perfecto para descansar del trabajo y del calor, con un par de lagos que tienen playa y el agua bien helada.








Nos encontramos un argentino con el cual compartimos buenos y futboleros momentos en plena fiebre mundialista. Gracias Martín por tu compañía y esperamos volvernos a ver.



Otros nuevos amigos que conocimos trabajando son Gerome y Noelie, franceses viajeros con los cuales tuvimos una elaborada cena de despedida a base de sushi preparado en medio del campo adentro de una camioneta. Si uno se da maña todo se puede. Otro gran abrazo para ellos y esperamos verlos en Argentina también.
 

Asistimos el 1 de julio al Canada´s day, la celebración patria de Canadá con desfile y todo.  Entre las carrozas más llamativas se encontró la de la comunidad portuguesa toda engalanada con motivos futboleros y una carroza con jacuzzis (!?) 
 


Pero a pesar de las horas de trabajo en el campo nos quedó tiempo para actualizar esta sencilla página web ya que queremos cumplir con los lectores como corresponde.  Hete aquí la oficina de diseño web de Aprendiendo a Viajar en Osoyoos.



Finalmente nos fuimos del pueblo porque si nos quedábamos más tiempo no íbamos a poder regresar de Alaska con buen clima y a la Besta no le gusta el frío (y a nosotros menos). Es por eso que salimos para el norte rumbo a Summerland, pasamos a visitar raudamente a un señor que nos invitó a la casa y con el cual compartimos un día de playa con él y su familia. Jonasie fue marinero y con su barco mercante surcó las aguas del mar argentino y chileno varias veces. De ahí viene quizás su pose a lo Popeye en la foto.



Y así termina nuestra actualización de la fecha, muchos abrazos, besos y demás demostraciones de cariño y afecto a todos los que nos quieren y a los que no también, a ver si cambian de parecer.

Gracias por visitarnos y esperamos su comentario…

De isla en isla


Cuando uno piensa en un viaje por tierra desde Argentina hasta Alaska descarta lógicamente el conocer islas ya que es muy complicado acceder a ellas con el vehículo-casa.  En estos tres años y medio de travesía la Besta ha visitado Isla Margarita y luego le tocó cruzar en container desde Cartagena, Colombia hasta Colón, Panamá. Alguna que otra balsa, trasbordador o pequeño ferry para sortear ríos y no mucho más. Lo particular de la entrada del día de la fecha es que no sólo visitamos una isla con la camioneta sino cuatro en poco menos de diez días.
Entre la Isla de Vancouver (Canadá) y Anacortes (EEUU) se encuentran las llamadas San Juan Islands las cuales pueden ser visitadas sin pagar adicional en el boleto de ferry. Fue por ello que aprovechamos la oportunidad y pasamos dos o tres noches en cada una.
El paseo en ferry es muy agradable y el clima para la navegación era inmejorable ese 20 de mayo de 2014 en que cruzamos a San Juan island.
Este pedacito de tierra tiene una historia particular, fue el escenario de una guerra entre tropas británicas y estadounidenses en la época previa a la independencia. Pero lo curioso no es la batalla en sí sino el motivo de la misma. El conflicto se desencadenó cuando un soldado estadounidense mató un cerdo propiedad de los británicos. O el chancho era muy querido o faltaban excusas para entrar en guerra.
Hoy en día la isla es muy turística y tiene varios lugares interesantes para visitar como esta finca donde se cosecha lavanda y se producen todo tipo de artículos que huelen exquisito.

Pudimos ver varias águilas calvas las cuales habitan en los árboles más altos desde donde pueden localizar fácilmente a sus presas en el suelo.

Después de dos días conociendo a varias personas y visitando todos los rincones de la isla decidimos tomar el siguiente ferry hacia la isla Orcas.

En la misma no nos permitieron participar en el Farmers Market pero si estacionarnos en frente y así poder vender nuestros libros con gran éxito. Mucha gente se acercó a preguntar por el viaje, sorprendidos de que los visitemos en la isla ya que es un lugar muy aislado. Pero lo más increíble fue encontrar una argentina llamada Verónica que vive hace varios años en el lugar. De inmediato nos invitó a la casa y pasamos dos días geniales con ella, le agradecemos mucho a Vero y esperamos volver a verla algún día.


Fuimos a la cima del Mount Constitution, lugar más alto de todo el archipiélago. La vista de todas las islas desde lo alto del monte es increíble.


La última isla que visitamos fue López. Cruzamos en el ferry una vez más y navegamos unos pocos minutos hasta llegar a la misma.

Luego de dar una vuelta por el área paramos a almorzar en el pueblito ya que el sitio invitaba. Una mesa en ese lugar al lado del mar no se puede dejar pasar para disfrutar de los clásicos “sanguches viajeros de verdura y nada más” como fueron bautizados irremediablemente debido a su sencillez.

Todo el entorno de la isla es sumamente prolijo y limpio. El colmo de la pulcritud lo encontramos en este “baño público” en una punta de la isla, en el medio de la ruta. ¡Hasta un florero con flores frescas tenía!


Al otro día conocimos a un señor que nos invitó a su playa privada en la isla donde nos quedamos una noche. Nos regaló un vino y también dos copas hermosas. Alberto es de Chile pero vivió toda su vida en norteamérica. Nos obsequió un momento hermoso en uno de los lugares más espectaculares que hemos estado.



El último ferry nos condujo hacia Anacortes, ciudad en la costa Estadounidense desde donde continuaría nuestro viaje por tierra en dirección a la gran Seattle. La última gran ciudad de los Estados Unidos nos recibía con un clima excelente y con personas aún más agradables.

Nuestro anfitrión se llama Bjorn y es originario de Islandia. Pocas veces conocimos a alguien más positivo y buena onda. Nos llevó a uno de los lugares emblema en la ciudad, el Public Market Centre, que no sólo es un lugar para ir a comprar, sino que varios artistas se concentran en el lugar dando espectáculos insólitos y excelentes a la vez.



Conocimos la pared revocada con chicles, una tradición que se inició hace varios años y se convirtió en un símbolo de la zona. Miles de personas todos los días aportan su granito de arena (o su chicle masticado)  para seguir engrosando el particular revestimiento.

 A veces las películas futuristas aciertan con lo que va a suceder varios años más adelante. En este caso Robocop dista de ser lo soñado por su creador.

Nuestro guía y ahora amigo Bjorn nos seguía mostrando los alrededores del Public Market Centre y sus rincones particulares. En un momento entramos a un negocio indio donde se vendían toda clase de tés y especias de todo el mundo y pudimos visualizar una pared que nos iluminó la mirada. No podíamos creer la cantidad y variedad de yerba mate que tenían en el lugar.

La archifamosa cadena de cafeterías Starbucks es originaria de Seattle y este es el interior del primer local que abrieron, también cerca del Public Market Centre. El señor en el centro de la imagen nos acaba de comunicar que Aimé no puede subirse a la escalera de los repositores para tomar una foto, pero todo sea para que nuestros lectores puedan ver el lugar completo.

Más interesante que los cafés de Starbucks y que también se originó en Seattle fue la gran banda liderada por el desaparecido Kurt Cobain, Nirvana.


Con otro gran amigo llamado Milán, de Eslovaquia, fuimos a visitar el museo de la música donde se pueden apreciar piezas únicas y originales de Nirvana, Jimmy Hendrix (también nacido en Seattle) y otras grandes bandas.


La siguiente es la foto original sin retoques del álbum más conocido de Nirvana, Nevermind. Adjunto a la foto hay una nota de Kurt preguntando si debían o no borrarle digitalmente el sexo al niño modelo que nada plácidamente debajo del agua.

El maniquí alado usado en otro gran disco “In utero”, también exhibido en una de las salas del museo.


En otra de las innumerables salas del museo se pueden ver piezas originales de películas famosas. Esta es la cabeza de Terminator II. Fue curioso tener al robot del otro lado de la vitrina. No parece tan malo como en la película.

Por último decidimos que el rock and roll era lo nuestro y grabamos un disco, o por lo menos nos tomamos la foto de la tapa. Ahora sólo queda aprender a tocar algún instrumento, aunque hoy en día no es condición excluyente para tener una “gran banda de rock”.


Al otro día nos fuimos para el museo de Ciencia de Seattle, un lugar enorme que nos encantó.  No sólo porque uno puede aprender varias cosas sino porque también se puede volver a ser un niño por un par de horas.


No es Alicia en el país de las Maravillas ni tomó la pastilla de Chiquitolina del Chavo.

También nos encontramos un argentino en el museo, pero en este caso era un meteorito.

Todo muy divertido, muy lindo, muchos amigos nuevos pero Alaska espera, y cada vez estamos más cerquita. Fue por eso que nos vimos obligados a despedirnos una vez más de gente increíble. En la foto de izquierda a derecha toda la banda de Seattle: Haffi Haff, Milán, Bjorn y su novia Alice. ¡¡Muchas gracias gente!!


Y como nos despedimos de ellos también nos despedimos de usted, querido lector, deseándole un excelente día e invitándolo a que deje su comentario, apreciación, crítica, insulto o saludito en el recuadro que puede encontrar más abajo de este texto. Recuerde dejarnos su nombre así sabemos de quien se trata.
¡Muchas gracias y hasta la próxima desde Canadá!