Isla de Vancouver




Hola amigos, gracias por leernos una vez más, esta vez presentando todo lo referido a nuestra llegada a Canadá. Lo diferente es que arribamos al décimo sexto país vía acuática. El objetivo era visitar a varios amigos que hicimos en nuestro paso por México, gente extraordinaria que no dudó un segundo en invitarnos a sus hogares en la isla de Vancouver cuando estuviéramos por ahí. Y como estábamos “de pasada” por dicha isla decidimos pasar a saludar. El territorio conocido como la isla de Vancouver pertenece a la provincia de la Columbia Británica y su principal ciudad es Victoria. Cruzamos en ferry desde Port Angeles (EEUU) hacia la isla en un viaje muy tranquilo, totalmente opuesto a nuestra nefasta experiencia en el velero caribeño que casi nos cuesta la vida. Entramos en Canadá sin mayor preámbulo que las preguntas de rutina realizadas por el oficial de inmigración un 6 de mayo de 2014.

Fue la frontera más sencilla de cruzar del viaje prácticamente. Por fin volvíamos a usar el sistema métrico, kilómetros y litros ya que nunca logramos amigarnos con las millas y los galones.
Lo importante es que llegando a la isla ya podíamos divisar desde el ferry el tradicional y marcado estilo inglés en todas las edificaciones.


Nos recibieron Linda y David, una pareja que conocimos en Huatulco, México hacía un año y medio atrás aproximadamente. Con ellos charlamos unos 12 minutos en esa ocasión y hoy nos abrían las puertas de su casa de par en par.

La visita al centro de la ciudad fue muy interesante ya que Victoria es una ciudad muy “caminable”. La primavera estaba presente en todos los rincones con sus flores multicolores. El parlamento provincial abre sus puertas a visitantes de forma gratuita para observar como es por dentro el lugar donde se toman las decisiones más importantes de toda la Columbia Británica.



 Una estatua de la reina de Inglaterra recibe a los turistas y políticos que trabajan en el recinto.



Esto no es casualidad ya que en el Parlamento se discuten las leyes que rigen la vida de los canadienses que viven por estos lados y si bien ellos pueden elegir a sus gobernantes nunca dejan de depender de la corona británica. Por increíble que esto parezca la última palabra para la aprobación o no de una ley la tiene la misma reina de Inglaterra. Si el representante de la reina en el Parlamento no da ese visto bueno la ley no sale, así se haya discutido por semanas, se haya votado y aprobado por extensa mayoría. La democracia agradecida.
Pero dejando cuestiones políticas ajenas de lado vayamos a lo lindo del viaje que es salir a conocer. La ciudad de Victoria tiene una marcada influencia escocesa también y lo pudimos observar en un pintoresco desfile en medio de la calle principal.

 El barrio Chino es otro punto al que no se puede dejar de acudir si se visita la ciudad.





Una de las tardes en Victoria conocimos al hijo de nuestros anfitriones, Clayton, el cual es profesor de español en el colegio Saint Michael y nos invitó para que diéramos una charla sobre el viaje, en español, para los alumnos más avanzados. Fue una experiencia divertida y los chicos nos recibieron muy bien.



Cerca de Victoria también se pueden encontrar paisajes muy bonitos, al menos en esta época de año cuando el clima es más que agradable.


Este bicho no supimos si era una foca, una nutria o un castor, ¿alguna sugerencia?
En la cima del Monte Douglas después de trepar como unos condenados. 
Nos despedimos de Linda y David pero…  ¡nos quedamos en su casa dos días más!. Resultó que ellos debían hacer un viaje largo y nos ofrecieron quedarnos en su casa sin ningún problema así que pudimos disfrutar las comodidades de un hogar un par de días extra. No nos alcanzan las palabras de agradecimiento para los Dahum, esperamos volver a verlos quizás por Argentina en un futuro no muy lejano.
Partimos el 11 de mayo de 2014 rumbo al norte, pasando por algún que otro pueblo pintoresco como Chemainus con murales increíbles en 3D.

Nuestro próximo destino era Parksville en donde nos esperaban nuevos amigos. Recorriendo los 150 kilómetros que separan Victoria de Parksville nos dimos cuenta en realidad el gigantesco tamaño de la isla.
Janet y Mike no sólo nos alojaron unos días en su casa sino que también nos llevaron a recorrer los puntos más hermosos de la isla de Vancouver. Pero primero lo primero, el plato fuerte de los alrededores de Parksville. ¡Si señor, adivinó! Las cabras que viven en el techo vivo del mercado en Coombs, quien no lo hubiese imaginado.


Conocimos los Douglas-fir, unos árboles gigantes de más de 1000 años y cerca de los 80 metros de altura, inmersos en un denso bosque muy húmedo y con helechos gigantes que hacen pensar que en cualquier momento va a aparecer un dinosaurio.


El cartel habla de la altura y diámetro enormes del mayor árbol del parque como así también de su edad,  más añejo que  Colón, la escarapela y Mirtha Legrand juntos, con todo el respeto que se merece… la escarapela.

Los borrachos del tablón ¡y que tablón!
Fuimos hacia el oeste de la isla a visitar Long Beach y varios puntos más como Radar Hill y el famoso pueblo de Tofino.



Le contamos 17 patas, ¿puede ser?


En esta montañita llamada Radar Hill se instaló un radar que fue clave en la época de la Guerra Fría para detectar posibles ataques rusos sobre territorio canadiense.



Cada vez más frecuentes nuestros amigos (por ahora) los osos se dejan ver muy fácilmente, como así también los ciervos y venados.
Cerca de Nanaimo caminamos unas horas hasta alcanzar las Amonite Falls, un lugar muy bonito aunque algo dificultoso para llegar.
 Aprendiendo a Viajar dispuesto a todo para obtener la foto de las cataratas.



Y hablando de cataratas pudimos conocer algunas más, todas con su inigualable belleza

Englishman Falls

Qualicum Falls

Y varios lagos…


 
Para recobrar fuerzas Janet y Mike organizaron una “malvavisqueada” con fueguito y todo. Aprendimos que el Malvavisco se come con un pedacito de chocolate arriba y entre dos galletitas del mismo sabor. ¡Ah! No se debe agitar el palito con el que se lo acerca al fuego ya que si salta y se pega en la cara de alguna persona cercana se le puede infligir quemaduras severas.


Estuvimos dos semanas en la isla y nos pareció hermosa, no sólo por los atractivos naturales sino también por la gente que encontramos en la misma. Muchas gracias a todos una vez más por recibirnos y hacernos sentir como en casa.


Y así despacito nos vamos yendo, por la senda verde a buscar a la Besta una vez más, decir adiós a los nuevos amigos y continuar esta travesía de la cual ya van 3 años y medio. Pucha que pasa el tiempo…  ¡hasta la próxima!

Jack el Destripador en las tinieblas


Ver oregon en un mapa ampliado

El título haría pensar al lector en una novela de terror o algo por el estilo, para develar el misterio va a tener que continuar leyendo (tómese 5 minutos, tómese un té y disfrute de un paseo por Oregón)
La ruta que nos permitió transitar la costa Estadounidense nos dirigió al estado al norte de California. Fue en este lugar donde experimentamos un clima extremadamente húmedo, frío y bastante lluvioso. Y es que la primavera todavía no se hacía presente para el 21 de abril de 2014 y por consiguiente estuvimos varios días bastante encerrados en la camioneta sin poder salir a causa del mal clima.



La costa de Oregón parecía hermosa pero no daba tregua con respecto a la temperatura. Disfrutamos en Bandon un milagroso y único día de sol donde pudimos salir a conocer qué había más allá de las tinieblas diarias que veníamos aguantando.


Cara de piedra o Face Rock


En las piedras de la costa cuando la marea esta baja se pueden ver cientos de estrellas de mar anaranjadas y violetas de un tamaño considerable.

Luego de este glorioso día soleado volvió la niebla y el frío, todo aquel que haya vivido en una casa de 3 metros cuadrados podrá entender la necesidad que teníamos de un clima más agradable.
Para colmo paramos en un parque bastante bonito con un lago y todo. El mismo se llamaba “Parque Jack el Destripador” por lo que no nos vimos seducidos en pasar la noche ahí.



No nos quedaba más opción que hacer lo que no nos gusta, apretar el acelerador de nuestro obeso corcel blanco y dirigirnos directamente hacia Portland, ciudad cabecera del estado, sacrificando conocer varios lugares atractivos.
Una vez que llegamos a la gran ciudad todo cambió, incluso el clima mejoró considerablemente. Pero sobre todo porque nos encontramos con una pareja que conocimos en México y que nos habían invitado a su casa. Cuando llegamos nos recibieron demasiado bien. Gail y Oz viven en un barrio muy agradable lleno de árboles, flores, mucha naturaleza y buenos vecinos. Con el correr de los días el sol hizo que todas las plantas florezcan llenando de color el lugar. Para agradecer el recibimiento salieron unas pizzas caseras que estaban para chuparse los dedos de ambas manos.



Con Gail y Oz fuimos a varios lugares interesantes como la Beacon Rock, una gran piedra que se puede subir accediendo por unas escaleras infinitas.




Antes de ingresar al lugar uno debe someter a su calzado a una minuciosa limpieza para quitar todas las posibles semillas ajenas al lugar que uno pueda acarrear.

En la cima se puede ver una gran parte del río Columbia que trae agua helada de las montañas. El paisaje es totalmente espectacular.



En la zona se pueden ver varias cascadas al costado de la ruta y sobre todo mucho verde.



No sólo paseamos con nuestros nuevos AMIGOS sino que también nos organizaron un “Open House”. Una especie de reunión donde vinieron todos los vecinos y algunos amigos para escuchar nuestra historia y también comprar algunos libros y artesanías. La reunión fue todo un éxito y pasamos un rato muy lindo con mucha gente interesada en el viaje. Varias mujeres se fueron con aritos de vidrio nuevos, todos contentos.



Otro día fuimos al Monte St. Helens. Un volcán enorme que hizo erupción en 1980 y destruyó varias hectáreas en el lugar. Su antigua forma era la de clásico volcán pero con la tremenda explosión perdió un lateral del cráter como así también desapareció en un instante un lago enorme que había cerca de la cima.



Por último visitamos Thilamook, un pueblo donde hay un tambo y fábrica de quesos gigante que exporta a todo el mundo. Poseen miles de vacas lecheras y lo más curioso es que fabrican productos con la bosta de los animales.


Éstos anotadores podrían ser usados por algún poeta para escribir unas prosas románticas sin develar el origen del papel obviamente.

Nos despedimos de nuestros amigos después de una semana maravillosa prometiendo volverlos a ver algún día en el futuro, o eso esperamos al menos.
Entramos al estado de Washington y el clima volvió a ser el mismo de Oregón, bruma, lluvia y frío. Así que nos fuimos directo a Port Angeles, en el norte del estado en donde termina por ahora esta entrada. Hicimos noche en un estacionamiento de Walmart con una vista envidiable.


Nos despedimos deseosos de que la primavera se haga presente por fin por estas tierras, aunque sospechamos que está muy cerca de ocurrir. ¡¡Hasta la próxima!!