Pequeño Gran país


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Una de las primeras preguntas que nos hacen apenas conocemos a una persona es si no tenemos miedo a viajar como lo hacemos. El peligro siempre se pone en el camino de los soñadores, puede llegar a doblegarlo y dejarlo con la intriga de saber cual habría sido el resultado de arriesgarse a cumplir su tan ansiado sueño. También parece que el miedo es un virus que se transmite de boca en boca y va mutando con el pasar del tiempo, haciéndose un mal cada vez más dañino. Desde que salimos de Argentina no paramos de escuchar historias de miedo, de peligros inminentes en la ruta, en el centro de las ciudades, en la periferia, etc. Historias de gente mala en todos lados o pertenecientes a tal o cual país (En general entre naciones fronterizas siempre pasa, el vecino es el país peligroso y viceversa). Si algo aprendimos en este año y 11 meses de viaje es a no tener tan en cuenta estos comentarios, el virus del miedo azota a Latinoamérica de una forma sensacional, pero la mejor forma de derrotarlo es conociendo, dándole la oportunidad a la gente de expresarse y contar su versión de los hechos. Nuestra visión es muy distinta ahora que conocimos varios de los lugares “calientes” como la tan castigada Caracas o Colombia toda. Nicaragua inclusive entraba entre los lugares complicados y resulto ser uno de los países más seguros y confiables que recorrimos, a pesar de su sangrienta historia de revoluciones y conflictos. De todas maneras no vamos a negar que entrábamos a El Salvador con cierto temor, la situación de violencia extrema que está viviendo este país, con uno de los índices más altos de asesinatos de América y con sus tristemente célebres pandillas o “Maras” nos asustaban un poco. Pero teníamos la leve sospecha que el miedo nos estaba jugando una mala pasada nuevamente y si queríamos conocer América en su totalidad debíamos enfrentarlo. Así que el 4 de septiembre de 2012 entramos al pequeño país junto a nuestros copilotos oficiales Camilo y Angie a investigar que sucedía verdaderamente en la región. Previamente pasamos por Honduras pero sólo estuvimos 3 horas ya que los lugares más interesantes de ese país están en el norte y nos íbamos a desviar mucho de nuestra ruta. Podríamos haber estado aún menos tiempo en Honduras pero un control de Interpol nos demoró ya que nos hicieron sacar casi todo de la camioneta y revisaron absolutamente todo el equipaje. Cruzamos la frontera de forma relativamente rápida ahora sí ya en El Salvador y nos dirigimos a un pueblito casi fronterizo llamado Pasaquina. Después de comer muy bien por U$S 1,50 cada uno fuimos directo a la plaza central donde nos habían dicho que existía un puesto de control militar. Cuando llegamos nos recibieron muy bien y nos quedamos estacionados tranquilamente en frente del mismo, los Mareros no iban a acercarse con soldados armados con ametralladoras.



Comenzamos a conocer salvadoreños como la señora que vendía verdura en la plaza y empezamos a experimentar la calidez de esta gente. O el hombre que se dedicaba a fabricar y reparar muebles hechos de hierro y hule que hizo un trabajo sensacional en nuestra averiada reposera amarilla.



Cuando se hizo de noche ya estábamos invitados a cenar en el cuartel con los soldados, todos jóvenes que se dedican principalmente a interceptar vehículos con drogas que viajan desde Sudamérica hacia el gran país del norte, que a propósito, es el mayor consumidor de este tipo de productos. Es un flagelo que se está cobrando demasiadas vidas y sembrando mucha violencia en la región. Steven Marroquín estaba a cargo del cuartel militar en ese momento y fue él quien dio la autorización para que nos quedemos, entablamos una muy buena relación con él y hasta nos invitó a su casa en una ciudad llamada Quezaltepeque para que conozcamos a su familia cuando saliera de franco.
Él mismo nos comentó que las pandillas en El Salvador no están sino en zonas y barrios específicos, en la mayoría de los pueblos y lugares turísticos no había porqué temer, sólo tomar las precauciones como en cualquier lado. Eso nos tranquilizó un poco y nos motivó a seguir conociendo El Salvador.
Al otro día dejamos Pasaquina y luego de una rauda visita a las playas del sur del país seguimos rumbo a lo de Mauricio, un salvadoreño que nos invito a su Granja Orgánica ubicada cerca de San Salvador. Mauricio junto a Gloria tienen una casa en medio de un barrio humilde cerca de las ruinas de San Andrés, el terreno es lo suficientemente grande como para cultivar varios tipos de vegetales y frutas, todo sin el uso de pesticidas y agroquímicos. También colaboran con la comunidad enseñando a los chicos del barrio de todo un poco. Desde inglés, computación, cultivo, etc. Además ellos reciben a muchos viajeros de todo el mundo y cada uno si quiere puede brindar un taller a los chicos para que aprendan algo útil. En nuestro caso se armó un taller de Macramé con bastante éxito y también les regalamos una mesa de pingpong que construimos con cosas que había en la casa.






Aprendimos mucho en la estadía con Mauricio y Gloria, cocinamos mucho, siempre con elementos que otorgaba la propia selva o sus cultivos en una cómoda cocina a leña al aire libre.

El 8 de septiembre lo fuimos a visitar a Steven a su casa en Quetzaltepeque, como habíamos prometido. Nos recibió junto a sus padres, hermanos y novia. Al otro día salimos temprano de excursión, el primer destino fue el volcán Boquerón el cual se sube bastante fácil con vehículo, hasta casi llegar al mismo cráter a unos 1600 metros de altura. Tiene una profundidad de 535 metros y 1,5 kilómetros de diámetro.



Luego dimos unas vueltas por San Salvador, la Capital del país y en poco menos de 3 horas estábamos sobre la playa, en el puerto de La Libertad, el lugar indicado si uno quiere comprar pescados y frutos del mar. A los pobres cangrejos azules los venden vivos, con sus pinzas atadas ya que fácilmente le pueden cortar el dedo a una persona.



Le agradecemos mucho a la familia Marroquín por todo lo que hicieron por nosotros, disfrutamos mucho su compañía y amistad.



Conocimos las ruinas de San Andrés, lugar histórico de la civilización Maya. Uno de los asentamientos situado más al sur de lo que fue su vasto territorio. Ahí se realizaban grandes ceremonias, reuniones políticas y observaciones astronómicas.





Regresamos a lo de Mauricio justo para salir de excursión al día siguiente para el Cerro Verde y el Volcán Izalco, a pocos kilómetros del lugar. El primer cerro es con vegetación muy tupida.



Luego se llega a un valle donde ésta desaparece completamente y deja lugar a lava endurecida. Ahí se comienza a escalar el volcán hasta llegar al mismo cráter. La vista desde arriba es simplemente alucinante.





El volcán Izalco está activo pero sólo se pueden ver algunas columnas de vapor cuando se está cerca del cráter, por suerte no despertó cuando lo estábamos escalando. Es tan alto que le llamaban antiguamente el “Faro del Pacífico” ya que su violenta actividad se divisaba desde altamar.



Nos despedimos de Mauricio y Gloria eternamente agradecidos por recibirnos y deseándoles que su proyecto crezca aún más para que la gente se informe y tome conciencia sobre la importancia de los cultivos orgánicos y de alimentarse sanamente, sin las porquerías químicas convencionales que tanto mal nos hacen a la salud.

Seguimos por las rutas de El Salvador hasta llegar a la ciudad de Santa Ana donde teníamos un contacto que nos brindó nuestro amigo panameño Ariel, el cual conocimos por medio de nuestro otro amigo venezolano Ricardo el cual conocimos por… bue, la cadena de amistad se hace cada vez mas larga por suerte.
Nos encontramos con Alfred en un shopping de Santa Ana e inmediatamente nos invitó a su casa para que conozcamos a su familia. Nos convidó las famosas Pupusas salvadoreñas, el plato típico del país. Es una masa de harina de maíz rellena con chicharrón, frijoles o queso. En realidad existen varios rellenos pero esos son los más típicos. Cocidas a la plancha y se sirven con encurtidos de repollo,zanahoria y chile picante. Otro acompañamiento es la salsa de tomate levemente picante también.
Alfred nos recomendó un lugar para realizar un pequeño trabajo de chapa para nuestro portón lateral que estaba siendo devorado por el óxido en un rincón y teníamos miedo que se caiga. En el taller nos trataron muy bien, tanto que hasta nos consiguieron un par de entradas gratis para un parque acuático.
Nos despedimos de Alfred y familia después de pasar unos días geniales con ellos, son muy buenas personas y nos ayudaron un montón.



Nos rencontramos con Camilo y Angie que habían ido a San Salvador y salimos a visitar el Lago de Coatepeque que por esos días había cambiado de color a un turquesa espectacular. Por lo que dijeron los medios se debió a que habían volcado fertilizantes y las algas de color turquesa se reprodujeron de manera explosiva.



Al otro día fuimos a utilizar las entradas del parque acuático, un lugar que ayudó mucho a refrescarnos del sofocante calor salvadoreño.



Esa noche dormimos en una Esso cerca de Santa Ana la cual tenía amplias comodidades para los viajeros.


Escena típica de Aprendiendo a Viajar, desayuno en la estación de servicios diagramando el itinerario de los próximos días, el cual sin dudas, NO vamos a respetar.

Salimos rumbo a la montaña para hacer la llamada “Ruta de las Flores”, un recorrido por varios pueblos de altura entre paisajes impactantes. La camioneta sufrió un poco el ascenso pero se portó muy bien en los complicados caminos. De vez en cuando parábamos para sacar alguna que otra foto.



El primer pueblito que visitamos fue Juayúa donde nos encontramos con Los Chorros de la Calera, unas cascadas que tranquilamente se pueden visitar a pie y de forma gratuita.





Pero más impactante aún que los Chorros es la cascada que está escondida en el sendero. Entre unos cafetales se puede llegar hasta el borde de la misma, a unos 80 metros de altura.



En el pueblo se respira un ambiente de relajo y tradición, muchas ferias de comida y pupusas por todos lados, como corresponde en el Salvador.





Otro de los coloridos pueblos de la Ruta de las Flores que conocimos fue Ataco, lugar que nos encantó, lleno de murales y calles de adoquines.







Un lugar que conserva muy bien su espíritu colonial y donde encontramos cosas muy lindas en su tradicional mercado. Como cocinas y estufas a leña hechas totalmente a mano en arcilla, verdaderas obras de arte que la gente utiliza todavía para cocinar todos los días por aquí. También se venden ollas y demás artículos de barro pero no como objetos de decoración sino para utilizarlos.



Así pasó El Salvador, un pequeño país que lucha por su reconstrucción. Con un potencial humano y turístico que da brillo y luz a su difícil realidad. Una nación digna de conocer para tratar de entender su presente, su pasado y así poder sentirse verdaderamente en Centroamérica, ya que en pocos lugares vimos costumbres tan arraigadas y de tan vieja data, característica de la gente que conserva la dignidad a pesar de las carencias cotidianas.



14 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante el relato. Ni me imaginaba cómo es El Salvador. Por suerte, gente buena hay en todas partes. Lastima que Juauyua es un relajo! Hubiera sido mas piola un lugar relajante! jajajaj (Guille redactando!) Besitos. Los amo. mrs Nora

Anónimo dijo...

Muy bueno chicos, me gusta mucho como escriben, la verdad estamos muy contentos de haber compartido todo este tiempo junto a ustedes, los vamos a extranar, espero algun dia nos veamos en Argentina, un asadito en su regreso (o en su casamiento dice angie jejjee).

AH por cierto, bueniiiiisima la foto de angie y aime en el parque acuatico jajajaja me cago de risa cada vez que la veo jajaj, angie dice: era necesario jajja un abrazo grande para dos grandes, los queremos mucho.

Camilo y Angie

Anónimo dijo...

Es cierto, hay que aclarar bien que es eso del "relajo", suena raro. Cada exposicion del viaje es una experiencia para nosotros, sus lectores. Fotos hermosas, relatos amenos, resaltando lo que mas importa del viaje, las relaciones humanas.
Sigan con este "feliz viaje".
Dad Alfredo.

Anónimo dijo...

Que lindo relato! sigan disfrutandooooooo

Besos

MaQ

Oscar Martell dijo...

Que genial! Yo soy Salvadoreño viviendo en Argentina y me alegra que hayan sido tratados amablemente en mi país.

Que bueno que hayan podido visitar lugares tan hermosos!

Un abrazo salvadoreño!

Anónimo dijo...

Excelente reportaje, saludos desde El Salvador, la entrada me la pasó mi amigo Oscar Martell, un salvadoreño en tierras argentinas. Buen día ☺

Anónimo dijo...

Que lindooo El Salvador!!...nos encanto Ataco! Hermoso recorrido...que bueno que actualizaron!! Ojala pronto pueda darte Aimechin unas vinchas nuevas!!ya me siento sponsor!! jajajaj
Los adoramos, Los queremos!! son unos genios!! sigan contando que somos felices de su recorrido!!
Los abrazamos...
Pachi, Nahi y Lihuen!

Anónimo dijo...

que lindo chicos , cada vez que los leo me quedo embobada viendo tan bellas vivencias, sigan disfrutando los quiero vero R

Anónimo dijo...

Esos chicos!!! Buenisimo lo del Salvador, lastima no haber pasado por ese pais tambien...me alegro sigan bien y encontrandose gente autentica en su viaje...disfruten al maximo y fuerza a la Besta jejeje...Abrazos y besos chicos, cuidense mucho!! Desde Quintana Roo, Oscar el marinero peluquero jejejeje...

LENIN URDANETA dijo...

fantastico adelante siempre en Dios uno y el mismo.

Joaquín Zaldívar y Clara Oyuela dijo...

Hola amigos, este mensaje es especialmente para Guille (Aimi no te enojes), pero...FELIZ CUMPLEEEEEEEE!!!! Alguna vez, ingenuamente quizás, creímos que íbamos a estar todos juntos en Playa del Carmen para estas fechas, pero no...y nos da mucha nostalgia, por eso, querido Guille, te mandamos un gran gran abrazo, te queremos mucho y que pases un super cumple con la gran compañía de tu linda compa y jugadora de truco. ¡Los queremos! (en 2 días tenemos en vuelo a Argentina). Seguimos comunicados!!! Abrazos desde D.F

Anónimo dijo...

Que lindo todo chicos! que lugares, cuanta naturaleza y gente buena no?, les mando un abrazo desde Río Grande!
Pablo Secolo.

Boris Martinez dijo...

Excelente muchachos, que envidia, es mi sueno recorrer nuestra America. Soy Salvadoreno y mi esposa la cual es Chilena. Tenia panico viajar a mi pais por todo lo que se reporta en la tv. Cuando viajo, se enamoro, de la gente, costumbres, tradiciones y se dio cuenta que no es tan malo como se reporta en tv. Vivimos en la USA y viajamos anualmente a El Salvador.
Gracias y saludos a ustedes, familiares y seguidores. Boris Martinez

Boris Martinez dijo...

Excelente muchachos, que envidia, es mi sueno recorrer nuestra America. Soy Salvadoreno y mi esposa la cual es Chilena. Tenia panico viajar a mi pais por todo lo que se reporta en la tv. Cuando viajo, se enamoro, de la gente, costumbres, tradiciones y se dio cuenta que no es tan malo como se reporta en tv. Vivimos en la USA y viajamos anualmente a El Salvador.
Gracias y saludos a ustedes, familiares y seguidores. Boris Martinez

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